lunes, 25 de agosto de 2014

La piel

En mi mundo la mentira tiene un espacio curioso. Odio que se me falte a la verdad y me enfurece mentir (de hecho no sé). Sin embargo, ahora soy consciente de haber vivido una de las mayores mentiras del mundo.

Esa mentira que crees que nunca te podrán colar. Esa que siempre creerás reconocer y que nunca pensarás que alguien podría usar como arma de destrucción masiva. Esa que descubres con los ojos mientras intentas con todas tus fuerzas mitigar el cuero enchilado con las manos hasta dejarte los brazos en carne viva.

La mentira de la piel.

Un órgano al margen de todo lo demás.

domingo, 3 de agosto de 2014

Como con una cuchara

Esa sensación detestable que te hace que el cuerpo te pese y que la cabeza no avance pues hay algo que le hace tope. Echar de menos.

Sí, esa horrible sensación de extrañar a alguien. De saber que sigues relleno de órganos porque respiras, aunque la sensación real es la de estar hueco por dentro. Como si sintieras que han salido a palanca con ayuda de una cuchara, todos los órganos con los que sueles pensar: tripas y corazón.

Extrañas todo. Porque las cosas se pueden repetir con otras personas pero jamás son iguales. Porque es la gente la que hace que cada unión sea única, irrepetible e insustituible. Y entonces te das cuenta de que jamás volverás a ser la misma y a quien realmente echas de menos es a ti.

A ese yo que sabía qué hacer para que mi olor fuera suficiente razón para ser.





martes, 22 de julio de 2014

Cadenas

Hace unos días unos amigos me mostraban las imágenes del Wave-Gotik-Treffen, un festival anual de música y arte celebrado en Leipzig (Alemania) donde la mayoría de los participantes visten estética gótica. Entre algunas de las imágenes que me mostraron, aparecía una que a todos llamaba la atención. Ella llevaba un grueso collar negro en el cuello del que salía una cadena de eslabones de hierro. Él sostenía en su mano el otro lado de la cadena. La versión también existía a la inversa, es decir, él con la cadena puesta. Al parecer es una manera más de mostrar su amor, su compromiso. Otros, supuestamente normales llevan un anillo al dedo de manera permanente. Para gustos, colores.

La intención de este texto no es valorar ni mucho menos lo que me pueda parecer dicha estética, mentalidad o forma de vivir. En el respeto a los demás se basa la convivencia del ser humano, siempre y cuando los límites de uno no invadan los del resto. Vive y deja vivir. Respeto todo siempre que se me respete. ¿Quién marca la línea de lo que es lo normal? ¿Yo lo soy? ¿Tú lo eres?

Lo cierto es que cuando regresaba a mi casa me paré a pensar en que en realidad esas cadenas que en las imágenes se muestran físicas en el cuello de uno de los miembros de la pareja, en el día a día aunque de manera simbólica, también existen. Y quizá estas cadenas imaginarias son las que someten realmente.

No tengo que pensar mucho para caer en varias personas que se encuentran bajo los deseos que imperan en la vida de la persona con quien mantienen una relación. Sin darse cuenta, en muchas ocasiones, se ven amordazados con una cadena en la que, un simple y cariñoso tirón de la otra persona, hace que se sometan a sus pretensiones.

Es curioso como ese sutil empleo de la fuerza, a veces en forma de caricias alrededor del cuello que lentamente erosionan la piel, suele estar justificado por fuerte que sea el tirón en la cuerda en el amor que se profesa hacia el cónyuge 'sometido', en lo mucho que el que aprieta la soga quiere al que la padece. "Te quiero y puedo decir y hacer lo que me de la gana porque tengo derecho", "porque solo juntos podemos ser felices" y "nadie te va a querer jamás como yo lo hago", son algunas frases tipo de forma y fondo.

Poco a poco, el ser que lleva la cadena va agachando la cabeza, disminuyendo el campo de visión hasta un punto en que empieza a ver el mundo desde la altura o el enfoque que impregna el dueño de la situación, el que maneja la cadena. A pesar de ello, lo hacen "con gusto", dicen mientras se apartan la cadena que comienza a apretar para poder respirar. Incluso afirmando, mientras mueven el rabo, que ese es su deseo. Lo hacen porque quieren, pues "en realidad es el perro quien mueve al amo", añaden convencidos.

Paso a paso, los suaves y cariñosos tirones impiden ver más allá del campo de acción que al amo se le antoje. Éste decide cómo, cuándo y cuánto, incluso pidiendo consejo al portador de la cadena y escudándose en un "no sé si sabré hacerlo sin tu ayuda". Mientras, sigue tirando de la cuerda apartando en dicho acto a patadas, cuando cree que nadie ve, las chinas del camino.

Y siempre teniendo en cuenta que todo se hace bajo el profundo amor que dicho amo profesa a su pareja, un sentimiento alzado sobre y reforzado en todos los sacrificios que éste ha realizado para que fructificara esta 'igualitaria' relación de amor-posesión-autoridad, donde quien porta la cadena acaba estando convencido de que no puede aspirar a nada más. Ni mejor ni peor. Cree que no tiene derecho a aspirar a más. Quizá, en el fondo, eso sea cierto.

Finalmente, un día la cadena se suelta. El que la sostiene ya no tiene más que pedir ni que reclamar o, simplemente, la cadena se oxida y rompe por el paso del tiempo. En otras ocasiones, al portador se le ha quedado corta, larga o ya no le queda bien con la ropa que lleva. En algunos casos, la cadena se suelta porque hay un cuello en el que encaja mejor o porque el actual se ha quedado pequeño. También hay que tener en cuenta que se tienen dos manos y se pueden portar dos cadenas a la vez.

Sea como fuera, el que tira de la cadena es el que siempre continuará avanzando. El que la porta se queda mirándose en el espejo descubriendo lo sucedido. Porque las cadenas, aun ya sueltas, dejan marcas en el cuello.


P.D: Yo no he ladrado nunca. 

domingo, 15 de junio de 2014

Tal vez

Tal vez,
lo más fácil sería echarle la culpa al vino
a las canciones o al momento.
Quizás
la certeza de saber
que los daños colaterales del día después
estarían silenciados por 2000 km de distancia,
besos y palabras,
fue un columpio hasta mis labios.

Llegaste,
yo no te esperaba
y aunque los gestos siempre son provisionales,
volví a ver en tus ojos puertas abiertas.
La noche cabía en tus pupilas.

Hablamos de nuestros triunfos, fracasos,
ya sabes que a veces el pasado
es como un dulce con sabor amargo.

El deseo abrió sucursales entre nosotros,
después de aparcar nuestros corazones
en un pozo cerca del oceáno
desaté mis manos y tus botones
y te robé la ropa de más que te puso el invierno.

Hoy no busco respuestas
y lo que más me gusta de ti
es todo lo que no sé.
Tampoco busco que entre nosotros
se escriba la palabra
amor.

Pero espero,
tal vez,
que uno de estos días
tropieces con las ganas de verme
y me llames
cuando yo no te espere.

lunes, 2 de junio de 2014

Punto y final

Fue triste como hacer un testamento. Tan triste como un pez en un lavado, tan rápido como el resentimiento que siente en sus pulmones quien se siente abandonado.

Así acabó. Punto y final. Una historia indescriptible.La triste historia de tu cuerpo sobre el mío.520 días que podrían resumirse en dos corazones arrojándose al vacío.

Viviendo tan deprisa no pudimos darnos cuenta que un corazón que corre desfallece en un latido, que, a veces, pone demasiadas trampas la cabeza y aquel que solo busca intensidad está perdido. Perdido porque la pasión se acaba y no hay vacuna. Perdido por dejar mi cuerpo atado a tu cintura.

Ahora tendré que inventarme otro camino, tirar algunos miedos al lavado,romper los límites en que creímos porque nos limitaban demasiado. Estuve tanto tiempo en el invierno, tanto tiempo confundida, que tuve que esconderme en un cuaderno lanzándote canciones a la cara.

Pero vino el porvenir y recogió mi corazón de la basura cuando deje de hacer preguntas a las fotos. Llegó el perdón.

¿Por qué buscar culpables a estas alturas? Si odiar no cura un corazón que ya está roto.


jueves, 24 de abril de 2014

Esdrújulas

Tuvimos una historia de esdrújulas.
Fue un cuerpo a cuerpo dramático
un viaje bélico
nunca hubo cálculo
no fue didáctico
más bien estúpido
tal vez romántico
y nunca cálido.

Te di mis lágrimas
tú a mí tu música
pero sintética
no había métrica
tú en octosílabos
y yo en prosa.

Aquí
    se rompió 
               la rima
por eso nunca fue posible
porque lo llamábamos lo nuestro

pero lo apellidamos fatídico.

martes, 15 de abril de 2014

Silueta

Se miró en el espejo. La oscuridad de la estancia y la luz al fondo dibujó su solitaria silueta en el cristal. Sus curvas, su pelo cayendo sobre los hombros, cada uno de sus dedos como arma arrojadiza.

Se puso de perfil. Paseó, con suavidad, los dedos por su contorno. El cuello, el pecho, el costado, sus muslos, mientras observaba en silencio la escena. La de un cuerpo que conocía a la perfección pero que se le tornaba desconocido a cada instante.

Dejó caer la cabeza hacia atrás y se colocó frente al cristal. La oscuridad y su cuerpo impidiendo el paso de luz no permitieron que se pudiera contemplar el recorrido que habían tomado sus dedos, delicados dardos sobre el satén de una piel humedecida por el aumento de temperatura, al vaivén de la excitación.

Un leve gemido quebró la estancia. La respiración agitada, el calor, el sonido que hace el placer al abrirse paso a través de las yemas de los dedos. Sus movimientos la hicieron ponerse de nuevo de perfil y el foco de luz dibujó una vez más su silueta y sus acciones.

Mostró como una de sus manos recorría su cuerpo mientras la otra se perdía en convulsos movimientos esperando que su compañera fuera a buscarla, entrelazando sus dedos a un ritmo cada vez mayor, pidiéndose paso de manera lenta y después vertiginosa, ansioso de tocar los acordes perfectos de una banda sonora llamada placer con un gemido como última nota. 

El éxtasis se volvió líquido, se tornó en temblor y fuego en las entrañas.

E inexorablemente, todo se conectó con el lagrimal.